Por: Miguel Angelino Toriz
El cine de terror independiente continúa encontrando nuevas maneras de mezclar traumas emocionales con violencia explícita, y DOLLY, la nueva película de Rod Blackhurst, intenta abrirse paso dentro del género slasher utilizando una mezcla de horror psicológico, maternidad tóxica y brutalidad inspirada en los clásicos del terror de los años setenta.
Basada en el cortometraje Babygirl de 2022, también dirigido por Blackhurst, la película transforma una premisa sencilla en una experiencia incómoda y perturbadora que juega constantemente con el miedo a perder la identidad, el control y la libertad.
Lo que inicia como un viaje romántico en medio del bosque termina convirtiéndose en una pesadilla enfermiza donde el pasado emocional de la protagonista se mezcla con una violencia física cada vez más intensa.
¿De qué trata DOLLY?
La historia comienza con una pareja que viaja al bosque para una escapada romántica. Durante su paseo encuentran una extraña zona llena de muñecas abandonadas, una imagen inquietante que deciden ignorar mientras continúan caminando. El plan era una propuesta de matrimonio ya que él está listo para dar el siguiente paso con Macy, quien de hecho no está segura por un miedo que tiene a repetir lo mismo que vivió con su madre. Lo cual ahora va experimentar de una forma aún más retorcida.
Un ruido proveniente del lugar donde estaban las muñecas cambia por completo la situación. Al regresar para investigar, ambos se cruzan con una perturbadora figura: una enorme mujer con una máscara de muñeca de porcelana que desarrolla una obsesión enfermiza con Macy y desea convertirla en su “hija”.
A partir de ese momento, la película se transforma en una angustiante lucha por sobrevivir dentro de un bosque donde cada rincón parece atrapado en una pesadilla sucia, violenta y emocionalmente enfermiza.
La maternidad tóxica: el verdadero horror de DOLLY
Más allá de la sangre y las persecuciones, DOLLY encuentra su elemento más interesante en el tema de la maternidad tóxica. Macy es presentada como una mujer marcada por una infancia complicada y una madre que la obligó a crecer emocionalmente endurecida, confundida y rota en distintos aspectos de su vida.
La aparición de esta figura monstruosa con máscara de porcelana funciona como una representación exagerada y retorcida del control maternal. La película juega constantemente con la idea de una “madre” que no protege ni cuida, sino que domina, manipula y consume emocionalmente a su hija hasta destruir su identidad.
Ese enfoque convierte a DOLLY en algo más que un simple slasher de persecución. Debajo de toda la violencia existe una metáfora sobre los vínculos familiares destructivos y la dificultad de escapar de los traumas del pasado. En varios momentos, el terror psicológico termina siendo más incómodo que las propias escenas sangrientas.
Un slasher con influencia del terror clásico y el Nuevo Extremismo Francés
Visualmente, la película abraza una estética inspirada en el cine de terror explotativo de los años 70. La suciedad visual, los bosques sofocantes y la sensación constante de incomodidad recuerdan a películas como The Texas Chain Saw Massacre, Halloween y Friday the 13th.
También se percibe una fuerte inspiración del llamado Nuevo Extremismo Francés, especialmente en la manera en que la película utiliza la violencia corporal y el sufrimiento emocional como parte central de la experiencia. DOLLY quiere sentirse como una vieja cinta VHS encontrada en algún rincón olvidado, y en varios momentos logra transmitir esa vibra cruda y desagradable.
Filmada en Chattanooga con un equipo independiente, la producción mezcla elementos de horror folclórico, gótico sureño y terror psicológico para construir una atmósfera constantemente incómoda y opresiva.
Lo mejor y lo peor de DOLLY
Uno de los puntos más destacados de la película es la actuación de Fabianne Therese, quien consigue transmitir ansiedad, desesperación y vulnerabilidad durante gran parte del metraje. Los efectos prácticos también ayudan bastante a que algunas escenas resulten grotescas y perturbadoras.
Además, su corta duración evita que la historia se vuelva demasiado pesada y mantiene un ritmo rápido enfocado en la tensión y la supervivencia.
Sin embargo, la película también cae constantemente en clichés típicos del género slasher. Hay decisiones absurdas por parte de los personajes, momentos donde el villano parece una combinación de distintas franquicias clásicas y escenas que prometen una violencia más extrema pero terminan conteniéndose demasiado.
Aunque tiene imágenes impactantes y algunos momentos realmente incómodos, DOLLY no termina de construir una identidad completamente propia y por momentos se siente más como un homenaje lleno de referencias que como una propuesta verdaderamente original.
¿Vale la pena ver DOLLY?
DOLLY no reinventará el cine de terror ni se convertirá en un nuevo clásico del slasher, pero sí ofrece una experiencia entretenida para quienes disfrutan películas violentas, incómodas y cargadas de tensión psicológica.
Su mayor fortaleza está en el uso de la maternidad tóxica como eje emocional del horror, aportando un trasfondo más perturbador a una historia que, en otras manos, habría sido únicamente otra película de persecución en el bosque.
Para los fanáticos del terror independiente, los slashers clásicos y las historias sobre traumas familiares llevados al extremo, puede convertirse en una opción interesante dentro de la cartelera. DOLLY se estrena en cines de México el 28 de mayo gracias a Corazón Films.
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